Los espectadores, tras atravesar ese bosque de figuras humanas, han de entrar por una angosta puerta hasta una estancia de reducidas dimensiones. La banda sonora se vuelve amable, evoca a los recuerdos de la infancia. Los espectadores tratan de adivinarse unos a otros en la oscuridad, de comprender... Hasta que la banda sonora se vuelve agresiva, un discurso hitleriano se mezcla con cerrojos que se cierran y el ladrido de los rotweilers... La infancia se ha transformado en al peor pesadilla, en la memoria colectiva de la infamia y de la muerte.
Unas tenues luces se encienden y el público se ve de pronto transportado al interior de una cámara de gas, sintiendo desde dentro la experiencia de la muerte, su aliento frío.
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