Tras la muerte el público se ve inmerso en un mundo onírico, el mundo del Hades, el del río de la Muerte, pero también el de los sueños y la esperanza de sobrevivir... El ángel exterminador, un ángel de luz, les recibe... les invita a avanzar... les asesina para que puedan vivir de nuevo... La música invita a ello, a reconocerse tras la experiencia vivida, a bailar, a tocarse, a renacer de las cenizas.
Los espectadores están ahora en un amplio espacio, ante una cápsula amniótica que se ilumina para mostrar la fuerza de la vida abriéndose camino. El público está donde recibir el abrazo de los que amamos, el consuelo, la solidaridad, la compañía... El latido de un corazón se va adueñando de la banda sonora mientras la fiesta va terminando. El latido del corazón se apaga. La vida termina, y el público tiene la sensación de haber recorrido desde que entró en la nave esos momentos entre la vida y la muerte en los que dicen que la esencia de toda nuestra vida pasa ante nuestros ojos.
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