Los espectadores acceden al interior del conjunto en pequeños grupos de 25 personas. La entrada es a través de una cúpula. Todo es blanco, inusual. Las puertas se cierran y los espectadores quedan aislados del mundo del que vienen, del mundo real, del ruido y las imágenes cotidianas, preparándose para una experiencia diferente.
En este entorno puro y luminoso, se entrega a cada espectador unos auriculares a través de los que escuchará la banda sonora que le acompañará durante todo su recorrido por el espacio escénico. A continuación, cuando ya empiezan a escucharla y, aunque todavía pueden ver a sus compañeros, ya sienten el efecto burbuja y el aislamiento que los auriculares provocan, se les invita a ejercitar el sentido del gusto con algunos alimentos de aspectos, sabores y texturas diferentes. Es el arranque de su experiencia sensorial. En ese momento estamos ya seguros de que se van a enfrentar a cada nueva experiencia de un modo personal e individualizado, de que están a disposición de alterar su modo de percibir las cosas.
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